40 ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCIÓN¿Hay motivos para conmemorar el 40 aniversario de la Constitución? JOSE SANROMA

Cuarenta años después, el debate sobre la Constitución del 78  está de plena actualidad. Las pegatinas seleccionadas reflejan las diferentes posturas de aquel momento ante el referéndum del 6 de Diciembre de 1978.

Este blog sobre la Transición trata de relatar los principales hitos  históricos de aquellos momentos.En esta ocasión compartiremos  la visión de José Sanroma Aldea (camarada Intxausti), en su artículo para infolibre, sobre tan candente tema.

Jose Sanroma  aborda el itinerario  seguido por la C78 en relación con las diferentes fuerzas políticas y sobre todo nos interpela a todos sobre la necesidad de una futura reforma constitucional. Dice al final de su excelente artículo:

¿Por qué los actos conmemorativos deberían tener ese objetivo fundamental? Porque hoy, en 2018, la mejor si no la única forma de defender y respetar la significación democrática de la Constitución es reivindicar su reforma. Cada cual con su propia opinión política.

Articulo de Jose Sanroma sobre el 40 aniversario de la Constitución española 

 

 

 

 

 

 

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Rafa Toral López. “Para que goce todo el mundo mi música traigo yo”

 

Esta pág. dedicada a la transición en el País Vasco quiere hoy rendir homenaje a Rafa Toral López (1958-2018)  y en su nombre a todos los jóvenes que ejercieron el compromiso democrático durante los últimos años de la transición de la Dictadura a la Democracia. Ésta tiene una deuda pendiente con muchos de ellos. 

Por Mikel Toral

 

Despedimos, pero no para siempre, a Rafa Toral López, Falo, para sus más allegados y a pesar de todo queremos recordarle con una amplia sonrisa, con la alegría con que alumbraba nuestras vidas que seguirá presente por mucho tiempo.

Hoy quisiera recordar a mi hermano en su absoluta y brutal  vitalidad, en su explosiva y contagiosa alegría, en su generosidad sin límites, en su honestidad   y en su profundo sentido de la responsabilidad profesional y personal y por supuesto en su gran amor por su familia.

Hoy quiero destacar en su despedida los muchos ratos de alegría que nos regalaba a tantos, esto suele ser lo normal de los amigos pero para Rafa el concepto de amigo era casi infinito.

Como infinitos son sus amigos,  es imposible conocer a todos. La lista es interminable Ayer hablé con muchos de ellos, de diversas cuadrillas y todos coincidimos en lo mismo, Rafa, era el pegamento.

En una sociedad que tiende al individualismo, al sectarismo… él amalgamaba a gentes diversas, edades, ideologías, aficiones… por eso hoy aquí queremos recordar esos buenos ratos que compartimos.

Lo suyo arranca de lejos, desde que siendo muy niño, salía del portal en Otxarkoaga, y cuando los demás procurábamos pasar desapercibidos. Él saludaba a todas las vecinas con las que se encontraba

¡Hola Vecina! Y ya las tenía en el bote.

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LAS CUENTAS PENDIENTES DE LA TRANSICIÓN

 

 

 

 

Las elecciones del 77 abren un nuevo periodo de nuestra historia que se materializa en el pacto constitucional del 78.

Como en todos los pactos, “el consenso” le llamaron, hubo cesiones de uno y otro lado, sin duda más por parte de la izquierda, que no supo o no pudo rentabilizar el potente caudal generado en la calle en la última embestida contra él, ya debilitado, muro de la dictadura.

El pacto constitucional zanjaba la disyuntiva Reforma o Ruptura en favor de la primera. “Ruptura pactada” la llamaron algunos. Y gracias a esta se pudo construir un ropaje institucional que más bien que mal ha dado lugar al mayor periodo de libertad y prosperidad de nuestra historia. Si se pudo llegar más lejos es ahora un debate estéril.

La constitución del 78 resolvía de manera coyuntural, porque no había respaldo social para más, tres grandes cuestiones:

  • La cuestión territorial o nacional, resuelta con el llamado Estado de las Autonomías
  • La forma de Estado. Monarquía o República era el dilema. Resuelta a favor de la primera.
  • Las responsabilidades políticas del Franquismo. Clausuradas en falso con una amnistía general.

Pero han pasado ya cuarenta años y algunos de estos temas que ya rechinaban en el encaje constitucional del 78 ahora revientan por las costuras.

Salvo la cuestión de la forma de estado, hábilmente silenciada con el cambiazo del titular monárquico antes de que el rey emérito “cantase” más de la cuenta, el tema de las responsabilidades del franquismo ha resurgido con fuerza y está obligando a posicionarse a los diferentes actores políticos, pero es la cuestión territorial, en este caso la crisis de Catalunya, la que se ha convertido en la principal de las cuentas pendientes de la Transición.

No es la corrupción, ni la precariedad laboral, ni el vaciamiento de la caja de las pensiones, no, lo que ocupa la centralidad de la agenda política es el llamado “derecho a decidir”, heredero del derecho de autodeterminación reivindicado por la mayoría de los partidos de izquierda en la transición y que ahora como antes divide a estos y hace pasar a segundo término las cuestiones sociales.

De ahí la carta que viene a continuación publicada en el diario.es 

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Elecciones generales de 15 de junio de 1977.Los partidos más combativos contra la dictadura no pudieron presentarse a las elecciones. Más de 2 millones de jóvenes que habían luchado por la democracia no pudieron votar

 

 

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*Mitin de Suarez en el cine Astoria de Bilbao.Foto de Mikel Alonso.

ELECCIONES GENERALES DEL 15 DE JUNIO DE 1977

Hoy hace cuarenta años, un miércoles 15 de junio de 1977 se colocaban las urnas de las primeras elecciones democráticas después de cuarenta años de dictadura.

Desde hace unos días, los medios hacen balance y rememoran este acontecimiento histórico repasando los resultados que dan origen al actual sistema de partidos, hoy en cuestión. Recuerdan las figuras de Juan Carlos, Suarez, Carrillo, González… Unos ensalzan los logros de la transición y otros la cuestionan.

Así es la historia, cada vez más Wikipedia. Y hasta cierto punto me parece razonable. Pero si algo bueno ha traído la era digital es que cualquiera puede aportar pequeños detalles a la gran historia.

Aunque ya nos  lo advierte Gaizka Fernandez Soldevilla en el libro La calle es nuestra. La transición en el País Vasco (1973-1982) Tanto la idealización como la demonización de la transicion responden a una visión parcial, cuando no militante de la historia“, nosotros como militantes y testigos de aquellos años también rememoramos esta fecha seminal de nuestra actual democracia haciendo hincapié en dos aspectos de aquellas elecciones generales, que, si bien en lo sustancial no habrían cambiado el rumbo de la Historia, merecen la pena ser tenidos en cuenta:

  1. Las dificultades que se pusieron a los partidos de izquierda para presentarse a las elecciones del 77. Superadas por el PCE a consecuencia de los dramáticos asesinatos de los abogados de Atocha y a las concesiones que tuvo que pactar con Suarez para su tardía legalización (abril de 1977). Minoradas por los partidos a la izquierda del PCE, principalmente: MCE; ORT, PTE, LCR que tuvieron que hacer un sobreesfuerzo para legalizar unas candidaturas independientes al no poderse presentar con sus propias siglas.

LEGALIZACION H 1332.La negativa rotunda del gobierno de Suarez a rebajar la edad para poder votar a los 18 años a pesar de la fuerte campaña de las organizaciones políticas juveniles para rebajar la mayoría de edad de los 21 a los 18 años , incluso contra las opiniones de prestigiosos juristas como Jorge de Esteban http://elpais.com/diario/1977/01/05/espana/221266825_850215.html

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¿Hubieran cambiado las cosas y el panorama electoral de junio del 77 si hubieran podido presentarse sin trabas los partidos de izquierda?

¿Hubieran cambiado las cosas si los casi dos millones de jóvenes entre 18 y los 21 años hubieran podido votar?

Como decía al principio. En lo sustancial, seguramente no. Como dice Antonio Rivera en el prólogo del libro, “No estábamos solos y no lo vimos”.

Pero, sin duda, las elecciones de junio del 77, con el voto a los 18 años y todos los partidos compitiendo en igualdad de condiciones hubieran sido más democráticas. Porque, si, a mi modo de ver, la democracia también tiene intensidades.

MIKEL TORAL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REVOLUCIONARIOS, ANTIFRANQUISTAS, DÉMOCRATAS

SEATAO MANI EMK

Este articulo de Mikel Toral  ha sido publicado en el nº 17 de la revista GALDE 

Lo que viene a continuación es una valoración de nuestras experiencias como revolucionarios en el tiempo del tardofranquismo y la Transición, surgida de las reflexiones posteriores que hemos hecho. Mi tesis principal es que, aunque nos sentíamos revolucionarios (de todas las tendencias posibles: nacionalistas, comunistas, trotsquistas, maoístas, libertarios…), éramos fundamentalmente antifranquistas, combatíamos contra la dictadura y ansiábamos las libertades democráticas. El argumento lo avala el hecho de que, en su mayoría, quienes alimentamos aquellos –quizás por suerte- frustrados sueños revolucionarios -¡cuánto había de antidemocrático en ellos!- nos incorporamos a la que despectivamente llamábamos democracia burguesa y la defendimos, algunos con su vida, sin renunciar a una mejora radical de la misma.

Unos más tarde que otros, no todos, fuimos trasladando nuestros apoyos a partidos de corte reformista. Es cierto que en Euskadi el trasvase de adhesiones, dado el espejismo revolucionario que se mantuvo en los años ochenta, fue más lento que en el resto del país. Y también es verdad que, los menos de los nuestros, se deslizaron por la pendiente del revolucionarismo sangriento, (re)incorporándose a ETA o creando organizaciones como Iraultza (1981). Algunos pagaron esa dudosa elección con su propia vida.

Este fue, en síntesis, el itinerario de muchos y muchas desde los años sesenta a la actualidad: revolucionarios, antifranquistas y, finalmente, demócratas.

Confundir las proclamas revolucionarias que hacíamos en aquellos tiempos con las prácticas mayoritariamente pacíficas y no violentas de los antifranquistas nos puede inducir hoy a errores de valoración. Si reparamos en nuestros escritos de entonces, su prosa incendiaria, los programas fundacionales maximalistas o las propias denominaciones tan pomposamente revolucionarias -OR(revolucionaria)T, LAI(Iraultzaile)A, LCR(revolucionaria), EI(Iraultzaile)A…- se podría llegar a pensar que nuestro objetivo era sustituir una dictadura por una formulación política cerrada y, en ese sentido, escasamente democrática.

1977.Recimiento del Preso Andoni Arrizabalaga( ETA VI.LCR) en Zabalburu.b9 a0039

Pero hay que considerar el contexto de ese momento, de los años sesenta y setenta del siglo XX. Vivíamos dos crisis superpuestas: una derivada de los cambios sociales del mayo del 68 y otra consecuencia de la crisis económica mundial del petróleo que tan duramente afectó a España. Y todo ello en el marco de la fuerte represión desatada por la dictadura franquista en su tramo final, tratando de responder a una presión múltiple de fuerzas sociales y políticas.

En el contexto de ese mundo en cambio, la praxis política dividía a los reformistas de los revolucionarios. Los primeros eran grupos que, como el PCE, el PSOE o el PNV, partidos entonces envejecidos, pero con experiencia y tradición democráticas, defendían la consecución gradual de las libertades y los inevitables pactos con los herederos del franquismo. Ellos protagonizaron en parte la reforma pactada, la Transición. En el otro lado estábamos los revolucionarios, partidos nuevos, emergentes e insurgentes (MC, LCR, ORT, PTE, EHAS…), formados por una nueva generación de jóvenes que radicalizaban sus discursos y planteaban la ruptura y los cambios revolucionarios. ¿Nos suena? Quizás siempre ha sido una cuestión más generacional que ideológica.

En la teoría estos defendían ardientemente la violencia revolucionaria, pero en la práctica no pasaron de los cocteles molotov defensivos, que en la mayoría de los casos daban lugar a pocos efectos y consecuencias.

Pero más allá de esos dos grandes grupos estaban los también revolucionarios y abiertamente partidarios de la violencia. Defendían que a la violencia de la dictadura se la combatía con la violencia del pueblo, del proletariado, de las masas o de lo que fuera. Esa fue la respuesta de los extremismos nacionalistas (las diversas ramas de ETA), de izquierda (FRAP, GRAPO) y anarquistas (MIL), que tomaban como referencia las luchas de liberación de Cuba, Vietnam, Argelia…,y que coincidían en el tiempo con otros nuevos grupos violentos europeos como las Brigadas Rojas, Acción Directa o la Baader- Meinhof; el caso del IRA sería distinto.

Para los numerosos jóvenes del “baby boom” la realmente atractiva era la retórica revolucionaria. Nos fascinaba la imagen del Che, Ho Chi Ming o Mao, aunque hoy parezca increíble. Volvían las imágenes épicas de la derrotada revolución española: la Pasionaria y su “más vale morir de pie que vivir de rodillas”, la imagen de las Brigadas Internacionales, los gudaris en su caso…

UJM BANDERA

A mi modo de ver, todo ello, las rotundas siglas, los anagramas con sus diversas versiones de la hoz y el martillo, los épicos nombres de sus órganos de prensa (Combate, Servir al Pueblo, En Lucha, El Correo del Pueblo, Forja Comunista…) o de sus juventudes (Joven Guardia Roja, Unión de Juventudes Maoístas, Euskadiko Gaztedi Gorria, Iraultza Taldea…), y sus programas de máximos basados en una interpretación marxista leninista trasnochada, elaborada habitualmente por universitarios bienintencionados salidos de familias acomodadas, no fue más que un ejercicio teórico (y retórico) para desmarcarse del “reformismo realista” del PCE del que algunos habían surgido y al que disputaban la hegemonía en el seno de la izquierda. Lo mismo que pasaba en el campo nacionalista vasco donde el mundo político de ETA (HASI, EHAS, LAIA…) trataba de superar a su matriz referencial, el PNV. Era más ropaje que contenido. Puede que como ahora.

No niego que algunos se lo creyeron –nos lo creímos- a pies juntillas y que pensaban que después de una etapa de democracia burguesa vendría la Democracia Popular y, finalmente, el Socialismo (así, con mayúsculas) y la sociedad sin clases. Un imaginario no muy lejano del de las ensoñaciones cristianas, tan abundantes en los pasados de muchos “cuadros” de estos partido y tan lógico si tenemos en cuenta la influencia de la superpoblada nómina de sacerdotes en el País Vasco. Todos nos proclamábamos “el verdadero partido de la clase obrera” y trabajábamos por “la reconstrucción del verdadero Partido Comunista de España”.

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Era enfermizo nuestro afán por monopolizar y hacernos con los movimientos populares, lo que daba lugar a otra nueva “sopa de siglas” de organizaciones especializadas en diferentes ámbitos o intervenciones: Unión de Liberación de la Mujer, Frente Democrático de la Mujer, Sindicato Unitario, Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores… Cada cual con la suya, pero, eso sí, todos muy unitarios.

Tales esforzados intentos por ser la vanguardia de la clase obrera nos llevaban a serias y absurdas disputas a la vista de nuestros patrocinados. Ahora es difícil entender la profusión de siglas revolucionarias de entonces, pero, en ese momento, tampoco era fácil para los jóvenes militantes distinguir las diferencias entre, por ejemplo, los maoísmos de ORT, EMK o PTE, partidos basados en oligarquías reducidas con un gran culto a la personalidad de su correspondiente líder. Solo se daban fusiones cuando era demasiado tarde, cuando la realidad las dictaba casi como condena o estéril tabla de salvación. Así pasó con la ORT con el PT o con el MC con la LCR. Algo habrá de congénito a la cultura política de la izquierda porque han pasado cuarenta años y seguimos en muchos casos igual.

Estos fueron algunos de nuestros errores: sectarismo, falta de realidad, maximalismo… Pero también es justo reconocer el esfuerzo y la entrega de aquellos militantes, que exploraron y abrieron con su empuje nuevos caminos y campos para la democracia. Desde una común intención emancipadora dieron voz e impulso a colectivos tradicionalmente excluidos o invisibilizados, como los LGTB, las mujeres, los jóvenes, los llamados presos sociales, las minorías étnicas y lingüísticas…

En esa medida, en el campo de los nuevos movimientos sociales, dejando aparte el movimiento obrero, destacó especialmente por su importancia y centralidad la incorporación de la mujer a la vida política activa y al conjunto del movimiento ciudadano. La participación de éstas en las nuevas organizaciones era relevante, tanto en número como en su presencia en los órganos directivos. Destacadas mujeres lideraron organizaciones de la izquierda radical, como Paquita Sauquillo de la ORT, Pina Lopez Gay, secretaria de la Joven Guardia Roja, o Rosa Olivares, dirigente  del EMK de Bizkaia, entre otras muchas.

Volviendo a la pregunta de inicio: ¿éramos demócratas los revolucionarios? Tan demócratas como podíamos serlo en plena dictadura franquista. ¿Estábamos dispuestos a todo para conseguir nuestros objetivos? Aparentemente, sí. Nos habíamos educado en aquello de que el poder nace de la punta del fusil y que el capitalismo era un tigre de papel. Sin embargo, la lucha absolutamente pacifica por las libertades, a unos más tarde que a otros, nos fue llevando a aceptar los principios de la democracia:

MANI ESTATUTO GERNIKA

 Queríamos una transición con un gobierno neutral, pero participamos y, de alguna manera, avalamos las elecciones de 1977, donde nos presentábamos en desventaja como agrupación de electores, dado que estábamos todavía ilegalizados.

Queríamos una Constitución más progresista, pero nos abstuvimos o incluso dimos un sí condicional.

Revindicábamos el derecho de autodeterminación, pero acabamos aceptando los estatutos de autonomía.

Luchábamos por la autonomía obrera y por el control obrero de las empresas, pero fortalecimos los sindicatos de clase, participamos en las sucesivas elecciones sindicales y acabamos celebrando el Estatuto de los Trabajadores.

Según aceptábamos la realidad impuesta por las urnas, revisábamos nuestras creencias revolucionarias. ORT y PTE desaparecieron en 1980; MCE y LCR en 1994. Otros, fundamentalmente el entorno de ETA, se aferraron durante decenios a sus proclamas ultrarrevolucionarias y acentuaron su fundamentalismo sangriento conforme se asentaba la democracia; incluso se aplicaron a atentar contra la misma. Pero eso es ya otra historia.

Los que entendimos que la revolución no era posible, ni quizás deseable, luchamos con todas nuestras fuerzas encuadrados en esos fugaces partidos de corte revolucionario, pero supimos aceptar las reglas del juego democrático a pesar de que jugamos con desventaja frente a los grandes partidos reformistas, que en algunos casos habían pasado de puntillas por la lucha antifascista, aunque no por eso sus mensajes dejaran de ser más asumibles para la gente.

Sin embargo, la pregunta al cabo del tiempo es otra: ¿hubieran sido posibles las reformas sin el empuje de los revolucionarios? Estoy convencido de que no. Quizás no se trataba tanto de hacer la revolución en el mundo occidental, pero todos y todas queríamos que, por ejemplo, el fruto de nuestro trabajo se repartiera con más igualdad y justicia. ¿Eso nos hacía reformistas o revolucionarios? Chi lo sa!

MIKEL TORAL LÓPEZ

PD. Las fotos son del archivo de MIKEL  ALONSO  sobre  la transición en el Pais Vasco.

*Para escribir este artículo además de refrescar la memoria he tenido que leer y releer los pocos libros que sobre la izquierda radical o revolucionaria, según autores, se han publicado en España:

Javier Merino. La izquierda radical ante ETA. ¿El ultimo espejismo revolucionario en occidente? (Bakeaz)

Xavier Doménech. Cambio político y movimiento obrero bajo el franquismo. (Ikaria)

José Manuel Roca. El proyecto radical. Auge y declive de la izquierda revolucionaria en España. (Catarata)

Consuelo Laiz. La lucha final. Los partidos de izquierda radical durante la transición española. (Catarata)

Mario Onaindia. Guía para orientarse en el laberinto vasco. (Temas de hoy)

Fernando Molina y José A. Pérez(eds). Mitos y ritos de la historia vasca (Valentín de Foronda)

Raúl López Romo Y Gaizka Fernández Soldevilla .El desafío de los revolucionarios La extrema izquierda en el País Vasco durante el tardofranquismo y la transición.

Paquita Sauquillo. Miradas de mujer (ediciones B)

Y, como siempre, he contado con el generoso y certero repaso del catedrático de historia contemporánea de la UPV Antonio Rivera para que no me vaya por las ramas y no me ponga estupendo.

Por ultimo me queda dar las gracias al historiador Rafael Ruzafa que ha coordinado el dosier de memorias del/en el País de la revista Galde y que pensó que mi testimonio sería interesante.

TRANSICIÓN Y MEMORIA HISTORICA. MIKEL TORAL

 

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Muchas veces me he preguntado por qué durante la Transición no se abordaron los asuntos de la llamada memoria histórica. ¿Por qué el advenimiento de la democracia en 1977 no exigió la reparación de las víctimas del franquismo, desde las primeras de la feroz represión de postguerra hasta las de los últimos coletazos del régimen?

¿Por qué no se exigió el castigo a los culpables de tanta represión a lo largo de cuarenta años? ¿Por qué han pasado más de treinta años para que un gobierno se atreviese a promulgar una ley de Memoria histórica?

¿Qué pasó durante los primeros años de la democracia para no pedir cuentas a la precedente dictadura? ¿Hubo un “pacto de olvido”, como dicen algunos?

Digámoslo con toda crudeza: en 1977 no estábamos para desenterrar fosas, sino para recuperar y luego retener la incipiente y frágil democracia.

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CURAS OBREROS DURANTE LA TRANSICIÓN. DIEGO BERGUICES(1922-2016).”ROJO A MAYOR GLORIA DE DIOS”

Esta pag dedicada a la transicion en el Pais Vasco tiene una deuda pendiente con el papel que jugó La Iglesia durante la dictadura y la transición. Hoy simplemente rendimos un homenaje a Diego Berguices,recientemente fallecido, que sin ser extrictamente uno de los llamados curas obreros,fue un cura que trabajó con y para los obreros en el barrio  de Otxarkoaga.

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Cuando escribimos el libro “Otxarkoaga Retratos” (2009), solo teníamos claro que en
él no podía faltar Don Diego.

Por la breve, pero intensa, historia del barrio obrero de Otxarkoaga había transitado mucho personaje digno de admiración, respeto y reconocimiento. Nosotros relatamos más de 90 y citamos más de 500, pero si tuviésemos que destacar a alguien, este sería Diego Berguices.

Si en el libro hubiese una portada esta sería la foto de D. Diego. Estamos seguros de que concitaría todos los consensos posibles, ideológicos y generacionales.

Su figura merecía esta portada y ahora, ya fallecido merece la portada del barrio. La que para nosotros siempre fue la plaza de “La parada”, desde hace unos años Kepa Enbeita. No creo que al afamado bertsolari le importara ceder el sitio al fundador de la escuela de FP, Centro Formativo Otxarkoaga, (antigua “el taller”, “Escuela de los curas” “EPO”… que con todos estos nombres se conoce en el barrio). Fue su gran obra, la que ha permanecido, la que perdurará. Aunque seguramente su gran obra no es material, es más intangible.

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Cazarabet conversa con… Mikel Toral, editor de “La calle es nuestra. La transición en el País Vasco (1973-1982)”

Cazarabet conversa con Mikel Toral:

-¿Qué diferencias adviertes entre el período de transición en el País Vasco y la que tiene lugar en el resto de España?

-En general, respecto a la  lucha en la calle, no hay grandes diferencias con los otros grandes núcleos de la lucha antifranquista: Cataluña, Madrid, Asturias… Obviamente, la existencia de ETA marca la gran diferencia. Si entramos en matices, el propio  Gaizka [Fernández Soldevilla] remarca en el libro la mayor influencia de la extrema izquierda, que le disputaba el liderazgo al propio PCE, cuestión impensable en el resto de España.

-Estudiáis e investigáis el período de transición de 1973 a 1982. ¿Por qué os centráis en este período de tiempo?

-En mi caso, reivindico el valor de la lucha de masas para conseguir cambios democráticos. La democracia heredera del 78, de baja calidad para muchos, les debe un reconocimiento a los que sacrificaron sus vidas por conquistarla. El libro “La calle es nuestra” es nuestro pequeño homenaje a tanta gente anónima que contribuyó a acelerar el final de la dictadura y a la restauración democrática. Las 135 fotografías de Mikel Alonso así lo atestiguan. Otra cosa es lo que se haya hecho después con ese punto de partida de cambio.

-¿Desde qué colectivos ciudadanos se trabajó más hacia la democracia plena en el País Vasco?

-Salvo algunos sectores vinculados a la doctrina social de la Iglesia, quien mantuvo la llama de la resistencia democrática fue la clase obrera. Es innegable reconocer el liderazgo de las organizaciones obreras, fundamentalmente CCOO, en la lucha por la democracia plena. Su experiencia sirvió a otros colectivos, como el estudiantil, que dio mucha visibilidad al descontento social que generaba la dictadura en su último tramo. Pero quien ponía en jaque al sistema era una dura huelga general de la construcción, por ejemplo, y no una de estudiantes. Aunque todo sumaba y abría espacios para la democracia.

En el caso de Euskadi fue importante el movimiento ciudadano, que aprovechando los resquicios legales del franquismo sirvió para abrir un nuevo frente de lucha. Pero a mi modo de ver su mayor contribución fue servir de escuela de participación democrática para mucha gente de los  barrios populares y, algo que no se ha reconocido lo suficiente, su función de plataforma para la lucha de liberación de la mujer. El mérito se lo ha llevado el movimiento feminista clásico, y es justo, si hablamos de generar conciencia feminista y poner en la agenda los derechos de la mujer. Pero el movimiento ciudadano empoderó a miles de mujeres y les hizo tomar conciencia de su situación y papel en la sociedad. Sigue leyendo